Teens can 'share the journey'/ Los jóvenes pueden 'compartir el camino' Print
Youth Column
Written by Maria-Pia Negro Chin, Catholic News Service   
Monday, Sep. 25, 2017 -- 12:00 AM

Of the 65.6 million displaced people in the world, 10.3 million became displaced in 2016, reported the United Nations refugee agency. This equates to one person becoming displaced every three seconds.

Many of these migrants, refugees, and internally displaced people are children and teenagers. Yet often their journeys are invisible, they are voiceless. Or, for some countries, they become just a number, part of "those people" who are coming.

But these are human beings with lives and stories.

Stories like Lucia's, who was living with her grandmother in El Salvador. According to Justice for Immigrants, she had to leave her life behind to flee gang harassment. Through the now terminated Central American Minors parole program for vulnerable children, she was able to be reunited with her mother in the United States and, without the threat of violence, started attending school again.

Or stories like the ordeal of a pair of twins from sub-Saharan Africa who spent two months working on a farm to pay for their journey from Gambia to Libya. The 16-year-olds were locked in every night after a day of work and beatings. They ended up crossing the Mediterranean Sea in a flimsy inflatable raft.

"We risked our lives to come here," said Mohammad, a teen who sought asylum in Italy. The teen told UNICEF that they risked their lives crossing the sea but compared to the violence and persecution back home, the choice was clear.

The reasons refugees and migrants escape suffering in search for a better life -- including violence, persecution, natural and human-caused disasters, famine, among other factors -- are stronger than the barriers and dangers along their journey.

"My two daughters died when a bomb hit my house," a Syrian father told Doctors Without Borders. "I didn't have time to mourn their deaths as I had to save the rest of my family."

But, Doctors Without Borders' Marina Spyridaki wrote, after their dangerous odyssey to safety, refugees often find terrible living conditions and hostile receptions.

While most of the world has agreed upon the need to support fellow human beings displaced by war, persecution and poverty, challenges caused by migration often result in the dehumanization and vilification of migrants.

A new Caritas Internationalis global effort seeks to change this. "Share the Journey" has a two-year campaign goal for people to see the global issue of migration "with new eyes and an open heart" by fostering opportunities for migrants and local communities to meet, talk, and take action.

For this, Caritas, a confederation of 165 Catholic relief and social service organizations, is inviting everyone with a migration experience -- from migrants themselves to those who live in communities where migrants leave from, pass through or arrive and settle -- to share their journeys.

By reaching out and listening to their stories, refugees and migrants are no longer numbers or "those people." They are our neighbors.

This global effort is an opportunity to listen and to see through the eyes of migrants and refugees, while strengthening and uniting communities. And it might just work--if enough people get involved.

Young people can take the lead by reaching out to newcomers and showing their communities that opportunities for openness and solidarity can also be chances for mutual learning, enrichment, and growth.

How can you share the journey with migrants and refugees? How can you walk with them in prayer and support? If you want to get started, check with your parish and local Catholic Charities, or go to https://www.sharejourney.org and http://journey.caritas.org


De los 65,6 millones de personas desplazadas en el mundo, 10,3 millones fueron nuevos desplazados por los conflictos o a la persecución en 2016, según la agencia de ONU para los refugiados (o ACNUR). Esto equivale a que una persona se vea obligada de huir de su hogar cada tres segundos.

Muchos de estos migrantes, refugiados y desplazados internos son niños y adolescentes. Sin embargo, a menudo sus historias y recorridos son invisibles, sus voces no son escuchadas. O, para algunos países, se convierten en sólo un número, parte de "esa gente" que está llegando.

Pero ellos son seres humanos con vidas e historias.

Historias como la de Lucía, que vivía con su abuela en El Salvador. Según Justice for Immigrants, ella tuvo que abandonar su vida para huir de las amenazas de pandillas. A través del ahora terminado programa de Libertad Condicional para Menores de Centroamérica, Lucía pudo reunirse con su madre en los Estados Unidos y, sin la amenaza de violencia, volvió a asistir a la escuela.

O historias como la dura travesía de un par de gemelos de África subsahariana que pasaron dos meses trabajando en una granja para pagar su viaje desde Gambia a Libia. Los niños de 16 años eran encerrados todas las noches después de un día de arduo trabajo, amenazas y palizas. Terminaron cruzando el mar Mediterráneo en una balsa inflable.

"Arriesgamos nuestras vidas para venir aquí", dijo Mohammad, un adolescente que solicitó asilo en Italia. El adolescente le dijo a UNICEF que arriesgaron sus vidas cruzando el mar, pero comparado con la violencia y la persecución en su país natal la elección fue clara.

Las razones por las que los refugiados y los migrantes tienen que escapar del sufrimiento en busca de una vida mejor --incluyendo violencia, persecución, desastres naturales y causados por el hombre, hambre, entre otros factores -- son más fuertes que las barreras y peligros a lo largo de su viaje.

"Mis dos hijas murieron cuando una bomba hizo explotar mi casa", dijo un padre de familia sirio a Médicos Sin Fronteras. "No tuve tiempo de llorar sus muertes porque tuve que salvar al resto de mi familia".

Sin embargo, escribe Marina Spyridaki de Médicos Sin Fronteras, después de su peligrosa odisea hacia un lugar más seguro, los refugiados a menudo encuentran terribles condiciones de vida y recepciones hostiles.

Mientras que la mayor parte del mundo concuerda que es necesario apoyar a las personas desplazados por la guerra, la persecución y la pobreza, los desafíos causados por la migración a menudo resultan en la deshumanización y el vilipendio de los inmigrantes.

Un nuevo esfuerzo global de Caritas Internationalis busca cambiar esto. "Share the Journey" (Compartiendo el viaje o Comparte el Camino) es una campaña de dos años para que la gente vea el tema global de la migración "con ojos nuevos y corazón abierto" al fomentar las oportunidades para que los migrantes y las comunidades locales se reúnan, hablen y actúen.

Para ello, Caritas, una confederación de 165 organizaciones católicas de asistencia humanitaria, invita a todos los que tengan una experiencia migratoria -- desde los propios inmigrantes hasta los que viven en las comunidades de donde los migrantes provienen, las que atraviesan y a donde llegan -- a compartir su camino.

Al conocerse y escuchar sus historias, los refugiados y los inmigrantes ya no son números ni "esa gente". Son nuestros vecinos, nuestros prójimos.

Este esfuerzo global es una oportunidad para escuchar y ver a través de los ojos de los migrantes y los refugiados, y para fortalecer y unir las comunidades. Y podría funcionar si hay suficientes personas involucradas.

Los jóvenes pueden asumir el liderazgo acercándose a los recién llegados y demostrando a sus comunidades que las oportunidades de apertura y solidaridad también pueden ser oportunidades de aprendizaje mutuo, enriquecimiento y crecimiento.

¿Cómo puede compartir el viaje con los migrantes y los refugiados? ¿Cómo puedes caminar con ellos en oración y apoyo? Si desea comenzar, consulte con su parroquia y con Caridades Católicas locales, o vaya a https://sharejourney.org y http://journey.caritas.org.


Maria-Pia Negro Chin is bilingual associate editor at Maryknoll Magazine.

 
 

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