Opening our eyes to the 'Lazarus' at our door / Abriendo los ojos al 'Lázaro' delante de nuestra puerta Print
Youth Column
Thursday, Dec. 08, 2016 -- 12:00 AM

"I ask your forgiveness for all the times that we Christians stand before a poor person or a situation of poverty and look the other way," Pope Francis recently said to people who are homeless and socially excluded.

At a Year of Mercy event, he apologized for our failure to recognize the dignity of those who are homeless and prayed we do better by our brothers and sisters.

Every year, hundreds of thousands of young people in the United States experience homelessness. We might not realize young people are homeless if you pass by them on the streets or the halls of your school, but the National Coalition for the Homeless says that about 500,000 unaccompanied youths experience homelessness each year.

Young people who are homeless can be living on the street, on a friend's couch, or a temporary shelter. Many have fled abusive situations, left the foster care system with no resources or have been rejected by their families because of sexual orientation.

Homeless youth not only lose their home, community, friends, and sense of stability, they also are exposed to dangers while trying to survive on the streets. The National Child Traumatic Stress Network lists dangers such as "an increased likelihood of substance abuse, early parenthood, impulsivity, depression, post-traumatic stress disorder, and a vulnerability to being trafficked."

According to the Department of Health, about 62 percent of homeless youth reported depression, 72 percent experienced major trauma such as physical or sexual abuse, and nearly 80 percent had symptoms of post-traumatic stress disorder.

In October, the Sheen Center in Manhattan showcased a short movie about Gosh (pronounced Josh), a teenage boy, and his time in and out of shelters in a town in the South. The young actor conveyed the hardships of life on the street but also the bleak routine of life in a shelter. He also showed how he felt alone and anonymous in a seemingly connected world.

How many times have we looked the other way when we saw people sitting on the street holding up signs, asking for help, asking to be seen? How many times did we see somebody who could be in need but did not offer to help?

After the screening of "Homeless," the film's director, Clay Riley Hassler, said he wanted to show the humanity of the shelter's residents and how nothing makes us different from them. "They deserve to be seen, they deserve to be heard, and they deserve to prosper," he said.

The center's director of film and mission outreach recalled how Catholic social activist Dorothy Day had said that "we must talk about poverty because people insulated by their own comfort tend to lose sight of it."

November marked National Homeless Youth Awareness Month, but this issue of homelessness, particularly how it affects the country's young people, is something to keep in mind every day.

Stable housing, permanent connections, education, and employment can help runaway and homeless youth establish a path out of homelessness. We can reach out to organizations that support this often-ignored population, such as Covenant House, a nonprofit that provides shelter and services for homeless youth in dozens of cities.

A lot needs to be done. There are also resources for communities, families, child welfare professionals, and policymakers to accompany and support homeless youth and children: http://nctsnet.org/resources/public-awareness/national-homeless-youth-awareness-month.

At the Jubilee for the Socially Excluded in November, Pope Francis asked us not to look the other way, but to act. Part of recognizing the human dignity of those who are homeless is to alleviate their suffering.

"Let us open our eyes to our neighbor, especially to our brothers and sisters who are forgotten and excluded, to the 'Lazarus' at our door," he said.

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"Les pido perdón por todas las veces que los cristianos delante de una persona pobre o de una situación pobre, miramos para otro lado", dijo recientemente el papa Francisco a las personas sin hogar y socialmente excluidas.

En un evento del Año de la Misericordia, el papa se disculpó por nuestro fracaso en reconocer la dignidad de los desamparados y oró para que ayudemos a nuestros hermanos y hermanas.

Cada año, cientos de miles de jóvenes en los Estados Unidos viven sin hogar. Podríamos no darnos cuenta de que unos jóvenes están sin hogar si usted pasa cerca de ellos en las calles o en los pasillos de su escuela, pero la Coalición Nacional para los Desamparados dice que alrededor de 500,000 jóvenes no acompañados viven sin hogar cada año.

Los jóvenes sin hogar pueden vivir en la calle, en el sofá de un amigo o en un refugio temporal. Muchos han huido de situaciones de abuso, han abandonado el sistema de crianza sin recursos o han sido rechazados por sus familias debido a la orientación sexual.

Los jóvenes sin hogar no sólo pierden su casa, comunidad, amigos y sensación de estabilidad, también están expuestos a peligros mientras tratan de sobrevivir en las calles. La Red Nacional para el Estrés Traumático Infantil enumera peligros tales como "una mayor probabilidad de abuso de sustancias, paternidad temprana, impulsividad, depresión, trastorno de estrés postraumático y una vulnerabilidad a ser traficado".

Según el Departamento de Salud, alrededor del 62 por ciento de los jóvenes sin hogar reportó depresión, el 72 por ciento sufrió traumatismos graves como abuso físico o sexual y casi el 80 por ciento tenía síntomas de trastorno de estrés postraumático.

En octubre, el Centro Sheen de Manhattan presentó una pequeña película sobre Gosh (pronunciado Josh), un adolescente y su tiempo en refugios en una ciudad en el sur. El joven actor transmitió las penurias de la vida en la calle, pero también la sombría rutina de la vida en un refugio. También mostró cómo se sentía sólo y anónimo en un mundo aparentemente conectado.

¿Cuántas veces hemos mirado hacia otro lado cuando vimos gente sentada en la calle sosteniendo carteles, pidiendo ayuda, pidiendo ser visto? ¿Cuántas veces vimos a alguien que podía necesitar, pero no le ofreció ayuda?

Después de la película, su director, Clay Riley Hassler, dijo que quería mostrar la humanidad de los residentes del refugio y cómo nada nos hace diferentes de ellos. "Ellos merecen ser vistos, merecen ser escuchados y merecen prosperar", dijo.

El director de cine y misión del Centro Sheen recordó cómo la activista social católica Dorothy Day había dicho que "debemos hablar de pobreza porque las personas aisladas por su propia comodidad tienden a perderlo de vista".

Noviembre marcó el Mes Nacional de la Conciencia de la Juventud Desamparada, pero cómo este problema de la falta de hogar particularmente afecta a los jóvenes del país es algo a tener presente diariamente.

La vivienda estable, las conexiones permanentes, la educación y el empleo pueden ayudar a los jóvenes que han huido de sus casas y los jóvenes sin hogar a establecer un camino para salir de la calle. Podemos llegar a organizaciones que apoyan a esta población a menudo ignorada, como Covenant House, una organización sin fines de lucro que ofrece refugio y servicios para jóvenes sin hogar en docenas de ciudades.

Hay mucho para hacer. También hay recursos para que las comunidades, las familias, los profesionales del bienestar infantil y los encargados de la formulación de políticas acompañen y apoyen a los jóvenes y niños sin hogar: http://nctsnet.org/resources/public-awareness/national-homeless-youth-awareness-month.

En el Jubileo por los Socialmente Excluidos en noviembre, el papa Francisco nos pidió que no miráramos hacia otro lado, sino que actuemos. Parte de reconocer la dignidad humana de los que están sin hogar es aliviar su sufrimiento.

"Abramos nuestros ojos al prójimo, especialmente al hermano olvidado y excluido, al Lázaro que yace delante de nuestra puerta", dijo.


Maria-Pia Negro Chin is bilingual associate editor at Maryknoll Magazine.

 
 

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